Del encanto de publicar

Antes venía a este blog con muchas ganas, con pulsión. Una descarga, una sensación liviana después de postear aquello atravesado en la garganta. Ya no me pasa seguido.

Pienso que cuando uno crece se va poniendo tibio. No digo que sea malo, pero sí que de la impulsividad adolescente pueden salir cosas inolvidables (otras desastrosas). Así que el blog va sintiendo ese cambio de temperatura corporal y mental.

Sin ir más lejos, tenía en mente publicar una experiencia complicada que tuve con un cupón de descuentos que compré, pero fui postergando la redacción por el cuidado con que sé que hay que encarar esos temas. A esta altura de la vida entiendo hasta dónde uno puede quejarse como un niño o como un adulto.

Sabiendo de blogs que se cierran, a  mí no me gusta esa idea. Me gusta, más bien, volver cuando me plazca, cuando me harte de probar las cosas nuevas que estoy probando, cuando el impulso de decir por escrito y con mi firma sea el que indique que es este el canal y no cualquiera de los otros lugares donde digo.

No me voy definitivamente, pero quizás no vuelva en 5 minutos.

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