Locos que quieren cambiar el mundo

Cuando estaba en primer año de la facu (2000) me invitaron desde el CUP a una entrevista “laboral” en la que se estaba armando la sala de prensa del Encuentro Eucarístico Nacional. Fui con mucho susto y varios compañeros interesados a probar suerte.

En esos días yo tocaba la guitarra en la capilla del barrio y teníamos preparadas varias actividades programadas para ese fin de semana en el que Córdoba se iba a convertir en un centro de reunión de católicos de todo el país.

Fui a la entrevista con bastante miedito (de ese que te provocan las entrevistas de trabajo) y la seguridad de que mi tiempo “disponible” era sólo un día, ya que los otros tenía que estar ejecutando el instrumento y reuniéndome con los pibes de los grupos juveniles.

Pero cuando me dijeron que había quedado los nervios aumentaron, y al entrar a esa sala de prensa del colegio Taborín, ni les cuento. Ahí estuve ayudando a editar audios, a armar gacetillas oficiales del encuentro que se distribuían en la prensa nacional e hice mis primeros pinitos como movilera de Radio María desde un colegio de barrio San Vicente, y desde el museo de arte religioso que está en la Manzana Jesuítica.

Demás está decir que no me quedé uno, sino los tres días y TODO EL DÍA en esa sala de prensa o en la calle, sintiendo la felicidad de compartir momentos o charlas con esos que yo imaginaba “colegas” algún día: los periodistas de las radios, de la tele, de los diarios de Córdoba y el país.

Del susto, de las explicaciones de los profes y responsables del Encuentro, del orgullo de decir “Mami poné Radio María que voy a salir” aprendí tanto! Y eso que me equivoqué mucho. Recuerdo que erré en el nombre de un colegio o de un sacerdote, no lo tengo preciso ya a esta altura, pero me torturé bastante en el momento, y me río ahora.

Creo que en la Maratón del Papel que compartimos con los alumnos y profes de cuarto y tercer año del CUP hubo mucho de eso. De esa energía que tenés cuando empezás a estudiar eso que soñaste, del temor a equivocarse, de la frustración porque no salió “perfecto” eso que escribiste, de la alegría de que estás empuñando un grabador o una cámara y haciendo trabajo real de periodista…

Aunque la Ele terminó cansadísima, sé que tiene el alma llena, lo mismo todos los profes del CUP que estuvieron ahí compartiendo esa pasión toda junta y burbujeante que circulaba en el evento solidario y exitoso en el Hospital Infantil.

Haber estado un rato por allá es un honor, y también un orgullo. Por todo el talento fresco que pronto ocupará los medios o empresas de Córdoba, por esos locos que aún quieren ser periodistas para cambiar el mundo 🙂

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