Lento, pero vamos

Y entonces parece que no vas a llegar, que todavía queda tanto por acomodar, que no hay lugar, que para qué guardé tantas porquerías. Porque cómo es posible que en una casa más grande no entre lo que tenía una casita mucho más chica. Pero es cuestión de desembalar, de buscar el refugio para eso que se puede romper, y tirar.

Mandar a la basura tantas cosas que ya ni recordaba que estaban tiene un vértigo especial. Es que esto podría servir para… o se lo podría regalar a… pero en la casa nueva está claro que no entra. El efecto liberador de caminar más liviano, sin tantas “cosas” es genial. Deberíamos hacerlo más seguido, me digo, deberíamos acumular menos, me repito.

Luego ver cómo el dinero se escurre entre los dedos, pero saber que más tarde, cuando ya se haya superado el espanto de los números, cada moneda valdrá lo mucho que cuesta la libertad de escribir un camino propio. Eso es una certeza.

No es la primera mudanza, quizás sí la “distinta” a todas. Cuando me agobia me acuerdo de la subida al Champaquí, del pernocte en el Okavango, de la limpieza diaria de las jaulas de 45 hámsters. Pensando que quedan reservas de energía extra para estos trances. Avanzo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s