Lejos

De a poco me dí cuenta de que hay lugares en el mundo que empiezan a existir cuando estamos ahí. Una palmera verde en un cantero de piedras, de noche, donde el calor se mezcla con la brisa húmeda del mar.
Lejos de casa, a unas siete horas de todo lo que conozco de memoria y asociando recuerdos con presente para adaptar el espíritu a este aire distinto que se cuela por mi nariz.
Pero no sólo lugares, sino también personas, y eso es único. Gentes que se arman de la nada, que ofrecen su voz, que abren espacios y hacen amable la novedad.
Salir, ir, llegar y estar en constante adaptación. Reconocerse y elegir ser uno mismo, ser eso que no sabías que eras, y dejarlo estar. Mirar por una ventana e imaginar que están ahí los conocidos. O empezar a sentir como conocidos a aquellos que están ahí.

Palmera en Caracas

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