COR-SLA-IGR-SLA-COR en un día

Pocas cosas me gustan tanto como volar. Será porque no lo hago seguido, porque los aviones me remueven innumerables sensaciones o porque la incertidumbre del despegue no deja de ser adrenalínica.

Como adivinando eso, hace unos días en el diario me invitaron a participar de un nuevo recorrido, un vuelo inaugural de la empresa Andes. De Córdoba a Iguazú. Las cataratas ya de por sí son un buen incentivo para cualquier viaje, pero andar todo el día en avión a mí me divirtió sobremanera desde el comienzo.

Salí sin repelente hacia Salta cerca de las 9 de la mañana, en un avión lleno de periodistas y algunos funcionarios.

En una hora estábamos sobrevolando la linda en una especie de city tour entre las nubes que por un lado nos asustó un poco (mi coequiper de asiento corroboró que demoraba mucho en bajar) y pisamos Salta sin bajarnos, sólo para recoger a un grupo muy simpático de colegas y políticos y empresarios, que iban a sellar con un acto el lanzamiento de esta nueva ruta.

En medio de las nubes que comenzaron a aparecer, percibimos un aroma conocido y feliz: empanaditas salteñas, acompañadas de tintos nacidos en los valles calchaquíes.

Algo que cotiza en el top five de los momentos placenteros de 2009🙂

Ya en Misiones nos recibieron a todos con apretones de manos y subimos a un micro que atravesó el follaje salvaje de la ruta hacia un hotel enclavado en la selva.

Allí hubo discursos, entrevistas y almuerzo. Había calor y plantas, pero no mosquitos. Aunque usted no lo crea.

No habremos estado en tierra más de cinco horas pero, con todo, tuvimos el lujo de una visita guiada cuando ya cerraba el Parque Nacional Iguazú.

Las dos veces que había visitado la Garganta del Diablo antes, no le restaron asombro a ese milagro acuífero fluyendo. Un arco iris bajo la llovizna que sobrevuela el mirador y un momento de calma, de autopercibirse como lo mínimo frente a la imponencia de una fuerza sólo posible en la naturaleza.

Casi corriendo pegamos la vuelta, entre charlas y una familiaridad que sólo nace de la comunión ante la inmensidad.

Anochecía cuando el avión se convertía en una especie de hogar donde quedaron lejos las formalidades y los protocolos.

El primer día de la facu me preguntaron por qué quería ser periodista y una de las cosas que mencioné fue porque quería viajar. Los años se encargaron de demostrar que no hay que irse tan lejos para conocer otras vidas, otros aires, otras historias y geografías.

Pero claro, alguna vez vendría la revancha. Gracias😉

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