La Quebrada del Condorito

El domingo por la mañana me encontró caminando en mangas cortas por el cordón central de las Sierras Grandes de Córdoba. Quién iba a decir que el calor de mayo se parecería tanto a septiembre, mostrando cardos florecidos, abejas y vaquitas de San Antonio en pleno vuelo sobre la Pampa del Hospital.

“La Quebrada del Condorito, que da nombre al área protegida, es un profundo cañadón en forma de “V” de 800 metros de altura y 1500 metros en su parte más ancha; desde cuyos bordes superiores es factible observar a casi el mismo nivel el suave planeo de los cóndores andinos”, explica la Web de Parques Nacionales.

Desde el balcón norte (donde estuve) y cerca de las tres de la tarde se puede ver a los cóndores que regresan a sus nidos. Explicar lo que se siente cuando pasás los minutos  mirando hacia arriba como si el tiempo estuviera respirando, no es nada fácil de hacer con palabras. Hay que verlo, está tan cerca.

Ese silencio, cerca del río Los Condoritos, sirve para percibir la frescura de las piedras bañadas por el agua más rica de las sierras. Todo parece indicar que era potable también.

Sé que esto no tiene poesía, pero la subida desde el río para retomar el sendero hacia Córdoba, me hizo revivir lo que costó hacer la tesis:  una ruta angosta y empinada, donde no hay que mirar hacia abajo y tampoco es posible quedarse a mitad de camino.

Vaya aprendizajes que trae la montaña.

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