Esta guitarra cínica y dolorida

Este adiós, no maquilla un “hasta luego”/ este nunca, no esconde un “ojalá”/ estas cenizas, no juegan con fuego/ este ciego, no mira para atrás. Este notario firma lo que escribo / esta letra no la protestaré/ ahórrate el acuse de recibo/ estas vísperas, son las de después.

A este ruido, tan huérfano de padre/ no voy a permitirle que taladre/ un corazón, podrido de latir/ este pez ya no muere por tu boca/ este loco se va con otra loca/ estos ojos no lloran más por ti.

* esta canción acompaña la espera mientras el vapor del mediodía dibuja espejismos en la Coronel Olmedo. Me recuerda al querido Papá Pitufo que ahora vive en Santa Fe y las noches-tardes-mañanas mateadas con apuntes. También sostiene esa certeza de que nada es casual, ni siquiera la música que llega por azar a mis oídos, ni los libros que hacen doler o la incertidumbre que rodea cada comienzo de año, y especialmente éste.

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