Autobiografía FNPI, junio 2011

Redes virtuales que conectan personas reales

Saber que alguien atraviesa la ciudad para ir a verte es siempre halagador. ¿Y si alguien atraviesa el mundo? Todavía más. Por eso convertí a Internet en rutina diaria allá por el 2000, cuando chateaba en ICQ con un “amigo” japonés. Me alentaba pensar en otro ser en el extremo opuesto del mundo que se reunía para charlar, en inglés básico, a altas horas de la madrugada. Todavía no se conocía mucho sobre pedofilia o robo de identidad virtual en Argentina y tampoco yo estaba muy al tanto de correrías amorosas on line, sólo me gustaba mucho leer y escribir.

ICQ, Tutopía, Yahoo Geocities, Latinchat son nombres históricos y mis primeros recuerdos de relaciones humanas mediadas por la Red. Entonces cursaba primer año de la carrera de periodismo y con 17 años, exageraba el potencial de tener contactos planetarios. Nada advertía aún que mi primer trabajo sería el de periodista digital. Y en 2002, cuando iba por tercer año y sólo leía los periódicos a través de la Web, entré con una pasantía a la edición digital del diario La Voz del Interior (www.lavoz.com.ar), como redactora y cronista multimedia.

En LAVOZ.com.ar pasé mañanas, tardes, noches, madrugadas, durante seis años. Fui redactora de la sección policiales, deportes, espectáculos, política, economía; hice locución para un informativo radial y artículos para la edición impresa del diario; viajes y coberturas especiales; crónicas audiovisuales con mi teléfono celular y hasta participé de un especial multimedia sobre un motín carcelario (www.lavoz.com.ar/especiales/motin).

 

Fuera de ahí, formé parte del sitio Crónicas Móviles, dedicado a captar noticias a través de las cámaras de teléfonos celulares. La cobertura de un show inédito del grupo Callejeros en Córdoba (procesados por la muerte de 94 personas durante el incendio que se produjo en un recital) me acercó al periodismo ciudadano y a los blogs.

Cuando armé un blog lo llamé Las Aventuras de Chatrán en un guiño a la película japonesa de un gato que vive muchos reveses, en analogía a las experiencias variadas que trae la vida periodística. Ahora ese espacio se llamaLaoctavavida, y tiene que ver con mutaciones personales y laborales de este presente y futuro que se escribe en HTML.

Con el blog conocí personas y formas de expresión tan creativas como diferentes y puedo asegurar que Internet es hoy mi escuela de autodidacta. Lo entendí sobretodo al empezar como responsable de la Web del diarioDíaaDía, en 2008, cuando tuve que echar mano a los conceptos aprendidos en cursos de marketing digital, derecho aplicado a la tecnología, management de proyectos digitales, posicionamiento en buscadores, redacción… y no me alcanzó.

Porque el periodismo en la Web tiene un condimento extra de error y aprendizaje diario que no te deja dormir tranquilo. La interacción con la audiencia en horizontal enriquece y hace que uno ponga los pies sobre la tierra, reconociendo todo lo que aún tiene que aprender. Lo veo en la redacción y en el aula, ya que desde 2005 participo en una cátedra de Periodismo Digital en el ColegioUniversitariodePeriodismo, poniendo a los futuros periodistas en contacto con blogs y diarios de práctica que los preparan para ser “multitarea”, sacarles provecho a las herramientas multimedia, a las redes y a los contactos alrededor del mundo que puedan hacer.

Buscando las recetas que parecen no existir para el periodismo on line, me postulé a una beca y ahora curso un Máster de Periodismo y Comunicación Digital del Instituto Universitario de Pogrado (España), por supuesto, en una plataforma de e-learning y desde mi escritorio en Córdoba. Otra vez, el intercambio con colegas de otros 17 países se vuelve la mejor materia de la currícula.

Como que la vida gira en redondo a veces, mi pasatiempo de la adolescencia se ha vuelto una revolución en la que me interesa ser parte. Quizá contar la vida en 800 palabras es algo más fácil ahora que resumimos pensamientos, convicciones o anécdotas en 140 caracteres. Por eso me interesa participar de este taller con Mario Tascón, para enriquecer mi trabajo usando redes sociales, sin perder de vista que el buen periodismo debería replicarse en un SMS o en los 250 mil cables de Wikileaks.

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