Tres días con fiebre de más de 38 grados, alteraciones respiratorias (tos), y tres criterios diferentes:

Criterio 1. Sanatorio sindical cerca de casa, al que llegué con 38,5 grados de fiebre. La doc, con barbijo y guantes, tras saber que era periodista y escuchar mis síntomas, me dice “¿Cómo se escondió todo hasta ahora no?”. Entiendo que se refiere a la gripe A y arriesgo “Pss, será por las elecciones…” (me muero, me derrito adentro del pulover).  Diagnostica y receta tres medicamentos. “¿Cómo sabe que no es gripe A?”, pregunto. “Nah, no podrías estar parada”.

Criterio 2. Al otro día, servicio a domicilio de la obra social que llega de madrugada, tras cumplir puntualmente con las seis horas de demora que había avisado por teléfono. Lleva barbijo y deja uno a modo de prevención.  ”Hay que bajar la fiebre e ir apenas te recompongas a la guardia de infectología de cualquiera de las clínicas que te cubra XXXX”.

Criterio 3. En reconocido sanatorio privado de Nueva Córdoba (de los que cubre XXXX), sin llevar barbijo, el médico de guardia explica: “Tenemos dos criterios: para pacientes que están graves o son mayores de edad, se evalúa la internación; y para los que son jóvenes, tratamiento ambulatorio, por unos diez días más o menos, teniendo en cuenta las medidas generales para evitar el contagio… y luego se va viendo”. De los análisis… cri cri cri…

Este crisol de criterios habla a las claras del lindo meollo en el que estamos con una epidemia encima. Por suerte, puedo escribirlo ya sin fiebre, encerrada en casa, aún en la cama pero con barbijos para cuando toque retornar al mundo real.

Sólo sé que de ahora en más respetaré mucho a la señora gripe.