28 de junio

Supongamos que tengo la secreta convicción de un voto para el domingo.

Hagamos de cuenta que la campaña -hoy en veda- fue clara, consistente, amplió mi conocimiento de los candidatos y sus propuestas y el domingo apostaré al ganador, al personaje que mejor representa los intereses de la mayoría.

Como vos y yo, miles de argentinos también pensaron con trabajo en esta oportunidad de verse reflejados en un legislador y no le hicieron caso a las obras cosméticas, a las peleas mediáticas, al clientelismo.

Por un minuto afirmemos que esta democracia representativa es la mejor forma de gobierno porque ha demostrado cómo la voluntad de los ciudadanos llega al Congreso y se convierte en leyes que todos respetamos y aplaudimos. Porque esas leyes ordenan nuestra vida y nos hacen más productivos y humanamente responsables.

Sintamos el orgullo de una jornada de domingo donde da gusto levantarse temprano e ir a ejercer el civismo, sin miedo a que nos “atrapen” como fiscales porque todavía no hay otras autoridades de mesa. Valoremos el sobre, la firma, las urnas, la tijerita para cortar boleta y optar.

Pensemos que el lunes será un gran día, que muchos serán los festejos porque fue una victoria de muchos, de grandes expectativas, de un bien común que asomará en las discusiones parlamentarias.

En mayo del ‘68 “la imaginación al poder” fue el lema de una cruzada juvenil revolucionaria. Hoy me sirve para alivianar la náusea antes de sufragar.

Porque, con todo, yo sigo creyendo que sirve y es un deber ir a votar.