Especial multimedia sobre la basura en Córdoba
El 3 mayo de 2010, y en coincidencia con el sexto aniversario del diario, publicamos en DíaaDía.com.ar nuestro primer especial multimedia: un trabajo de recopilación y análisis sobre la situación actual de la gestión de residuos en Córdoba. Se llamó Córdoba, Ciudad Basura.
Fue un trabajo que llevó unos tres meses porque se hizo a la par de las tareas cotidianas en la Web y el papel. Quisimos abaracar la mayor cantidad de fuentes posible y organizamos la información en cuatro “secciones”: Basura, Predios, Vecinos y Ambiente.
Allí se pueden leer artículos y ver videos y fotos producidos en las entrevistas y conversaciones con los protagonistas: los pobladores de Bouwer que convivieron con el enterramiento de Potrero del Estado por 28 años; los vecinos de barrios del sur de la ciudad; especialistas en gestión de residuos y también las voces oficiales del Estado municipal y provincial.
El desafío fue doble: desde lo periodístico y desde lo técnico. En el primer caso, nos encargamos de contactar a las fuentes y recoger sus testimonios en video y audio; además de poner a disposición de los usuarios documentos y definiciones importantes para entender la problemática desde sus raíces.
Todo el material audiovisual fue capturado con un teléfono celular, el Nokia N95 que usamos en la redacción.
Usar el teléfono tuvo sus ventajas: los entrevistados no se cohíben tanto ante una cámara pequeña; la memoria se usa y se descarga de inmediato vía USB; el material recogido es más “liviano” y fácil de editar para la Web, lo mismo vale para las fotos, que tienen buena calidad para verlas en pantalla; cargar la batería no lleva más de dos horas. Pero también algunas desventajas: las imágenes recogidas se veían “cuadradas” en el Premier; la conversión de archivos nos llevó algunos intentos fallidos hasta encontrar la mejor relación calidad-peso. Errores típicos de una primera experiencia, calculo.
En el aspecto técnico, para la edición final y presentación de los datos tuvimos grandes aliados: el área de Desarrollo de La Voz del Interior, y las manos amigas de Guillermo Martínez (editor de sonido) y Lucía Pairola (editora de videos). También el apoyo de personas que “cubrieron” nuestras ausencias a la hora de salir a producir los contenidos y otras que con sus opiniones sumaron a la definición editorial del trabajo: los editores responsables y los redactores de las secciones Córdoba y la edición digital (ver Créditos).
Quisiera destacar que el trabajo se muestra usando plataformas gratuitas: nuestro publicador está basado en Drupal y nuestros videos fueron alojados en YouTube.
Fue concebido como un informe de actualización permanente, con la posibilidad de incorporar nuevas noticias sobre el tema cada vez que las produzcamos los responsables del trabajo, otros mienbros de la redacción… o los usuarios!
Porque también pusimos el acento en que la discusión de este problema, que es de todos, pueda ser enriquecida con el aporte de quienes tengan algo para decir. Creamos espacios de participación a través de formularios para enviar notas y comentarios, y encuestas de opinión.
Más allá de los estrictamente profesional, el aprendizaje fue tremendo, y deja la sensación de que haber aportado aunque sea un poquito a la compresión del problema que generan nuestros residuos.
La voz de los especialistas que hablan de reducir la cantidad de cosas que tiramos, la separación en origen y el reciclaje como primera medida para aminorar el impacto de la basura en nuestro ambiente, es súper valiosa. Lo mismo, contar cómo es vivir cerca de la basura y cómo nuestros actos cotidianos influyen en la vida de otros. También, conocer de cerca cómo son los mecanismos que hoy nos llevaron a estar embarcados en un proyecto nuevo para que nuestra basura se transforme en energía y a prestar atención sobre las consecuencias que eso podría acarrear.
Espero que lo vean, lean y recomienden si les interesa el tema. Obvio que le veo mil cosas para mejorar, pero bueno, es nuestro primer gran intento
Lo más cerca que estuve de García Márquez
Quien haya leído Crónica de una muerte anunciada, El amor en los tiempos del cólera o el cuento Buen viaje, señor Presidente (de 12 cuentos peregrinos) tendrá en mente ciertos personajes del escritor colombiano Gabriel García Márquez: hombres elegantes, que visten de lino inmaculado y portan sombrero. En el sopor del caribe, con libertad, los pienso de traje beige, sandalias, andar lento, media sonrisa…
Pues todo eso pensaba yo de un encuentro con ese ídolo que es GGM. Por eso cuando quedé para un taller de la FNPI en Caracas, me sentí adentro de esos libros por un rato. Una alegría casi infantil. Porque aunque mi parte racional sabía que no iba a cruzarme con el autor de Cien años de soledad, la ilusión de estar tan cerca de ese universo mágico era suficiente empujón para ir, a como diera lugar.
Y no fue fácil. Desde los inconvenientes de la logística, hasta llegar allá y descubrir una ciudad con personas adorables pero presas del miedo de salir a la calle.
Las idas y vueltas del mercado cambiario, la incertidumbre y la inseguridad, eran a veces como ese virus del miedo del que hablaba Serrano incrustado en un paisaje increíble de mar y montaña, con noches muy frescas y algunas nubecitas siempre presentes sobre el Ávila.
De cualquier manera, lo disfruté al máximo. Mezclé el acento cordobés con los de Panamá, Puerto Rico, Colombia, Ecuador, Perú, México y, por supuesto, Venezuela, y aprendí montón de palabras y entretelones de la prensa y la vida en aquellos países.
El plato principal fue el tallerista, Héctor Abad Faciolince, un periodista y escritor del que en Argentina no había oído demasiado, pero que me compró con un regalito el primer día: su libro-crónica de El Cairo, ciudad que quisiera visitar antes de quedarme sin aliento.
El aprendizaje teórico me abrió la cabeza. Pasar días completos, horas dedicadas a pulir el inicio o el final de un texto, borrarlo todo, oír las críticas del maestro, de los colegas, revolverlo, condimentarlo y hacerlo nacer de nuevo, es un paraíso que quizás no vuelva a experimentar nunca. No al menos trabajando en una redacción.
Periodismo y Literatura, era el tópico, y en el detalle ver cómo una cosa le roba a la otra y se complementan para hacer más disfrutable el acto de informar e informarse.
Pero después de tanta inspiración sobre el teclado, salir de noche y descubrir rincones de una ciudad con ritmo en sus entrañas. Cruzarla para ir al Maní y bailar salsa como sólo se puede bailar ahí, donde el calor enrieda los sudores y el vapor del ron se puede tocar con las manos mientras girás. Trompetas, humedad y risas. ¡Eso es bailar!
Carcajadas, sonrisas y espontánea sorpresa o admiración, vergüenza ajena, triunfo y alegría por escuchar lo que se produjo en esos salones, el periodismo que practicamos caminando las calles de Caracas tratando de ver con ojos extranjeros primero y luego siendo parte. Eso es lo que quedó grabado en la relatoría que Sandra hizo del taller.
No conocí a “Gabo”, como le dicen en la FNPI, pero pude sentir el perfume de las gardenias en cada día de ese viaje.





Asociación 3.0
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